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ORAR CON MARIA Y COMO MARIA



Hoy, que celebramos la Asunción de María, vamos a plantearnos una pregunta muy sencilla, pero vital: ¿cómo sería la oración de la Virgen? En este blog llevamos dos años hablando sobre la oración,... ¿y si hoy nos fijamos simplemente en María? ¿No decimos que es un modelo de vida? Entonces, ¿por qué no intentar adentrarnos en cómo oraba ella? ¿Cómo se comunicaba con Dios, ella que -sin duda alguna- ha sido la persona que más intimidad ha tenido con el Señor en todos los tiempos?

Una de las pocas cosas que dijo y que nos haya llegado por los evangelios es, precisamente, una oración: el magníficat (se llama así porque así empieza en latín). Sólo una oración pero, para muchos, es la más hermosa y apasionada de las oraciones. Es una oración "construida" con muchos trocitos de otras oraciones; es como un collage que va tomando y recomponiendo fragmentos del Antiguo Testamento (claro, no iba a ser del Nuevo). En este documento que podéis descargar hemos relacionado las frases de María con las frases del AT que podrían ser su fuente de inspiración. Es realmente bonito ver cómo incluso expresiones que hoy en día nos chocan (como "dispersar" a los soberbios, "nombre Santo", el "brazo" de Dios...) hacen referencia a textos e imágenes simbólicas muy conocidos para el Pueblo de Israel, cargados de significado para esa cultura.

Lo interesante de este collage es que, en el fondo, nos habla de cómo era María:

- Mujer de oración e interioridad. Por lo que hemos comentado. "Ella guardaba todas estas cosas en su corazón" [Lc 2, 19] no es sólo una afirmación sobre María tras el nacimiento de Jesús, sino que ella era así. No sólo oraba con frecuencia, sino que la profundidad con la que reposaba y asimilaba la palabra de Dios es lo que la hace tan especial. No olvidemos que fue María la que, en la práctica, enseñaría a orar a Jesús.

- Humildad y sentido comunitario. María no se "inventa" su espiritualidad de la nada, sino que se apoya - y nos lo explicita- en la experiencia de fe de miles de hombres que la precedieron, y que, con las pobres palabras que ellos encontraron, intentaron describir a Dios. María da testimonio de que ella también ha descubierto algunos de estos "retales" de Dios. Cambia el orden, recompone, añade algún elemento nuevo... pero siente que la descripción sobre Dios es una composición coral, comunitaria a lo largo de la Historia.

- Saber ser palabra y ser acto. En esta larga tradición de experiencia comunitaria de Dios, algunas personas fueron llamadas a tener una palabra más clara, más alta para guiar al resto. Son los "cánticos" de Moisés, de Ana, de Isaías, etc. y que son una especie de discursos inspirados en los que condensan cuál es la misión a la son llamados o cómo es el núcleo de su experiencia de Dios. Son, por tanto, enormemente clarificadores. María toma algunas expresiones precisamente de estos cánticos, ya que, en este preciso momento, es a ella a quien le toca componer el cántico, "ser palabra", alzar la voz para guiar al Pueblo; poniendo palabras sobre su experiencia de Dios.

El cántico es siempre puntual y excepcional. María permanecerá callada -para los evangelios- prácticamente todo el resto de su vida. Todo lo ha dicho ya. A partir de ahora será sólo "acto", compañía y entrega en la sombra; enseñándonos así a equilibrar nosotros también estas dos realidades (palabra y acto) en nuestro seguimiento de Jesús.

Degustemos hoy esta composición original sobre la experiencia de Dios en María; algo que es tan profundo, gozoso y revolucionario que no se puede "decir", sino que ella sintió que hay que "proclamar".


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COMO PUEDE ENSEÑARNOS MARIA A ORAR 
Ella, elegida y enriquecida por Dios, como Madre de los creyentes, vivió estas actitudes que acabamos de señalar y, como primera discípula de Cristo, aprendió de El a relacionarse con Dios Padre.

Maria, como nos dice Pablo VI en la exhortación apostólica Marialis Cultus, es
         “Maestra de vida espiritual para cada uno de los cristianos. Bien pronto
           los fieles comenzaron a fijarse en María para, como Ella, hacer de la
           propia vida un culto a Dios y de su culto, un compromiso de vida” (MC.21)

PARA ORAR COMO MARIA, es conveniente acercarnos a Ella y verla como nos la describe el Evangelio.   Vamos a repasar pues por algunos pasajes y a detenernos en sus actitudes:

1.- En la Anunciación (Lc 1,26-38),  se nos muestra como Virgen Oyente y Orante. Escucha con atención el anuncio del Angel como expresión de la Voluntad de Dios. Ya conocía, como buena israelita, la promesa de la salvación anunciada por los profetas y esperaba con su pueblo al Mesías.

Aunque es impactada, sorprendida por el saludo del Angel, María no se deja llevar de la “impresión”, del fervor, del regocijo ni del éxtasis, da un paso más en su oración, nos enseña:
El discernimiento, quiere esta clara, entra en diálogo y pregunta: “¿Cómo puede ser esto, si no conozco varón?”. Escucha de nuevo con atención y da el paso decisivo:
Humildad y aceptación de la Voluntad de Dios.  Ante la evidencia y la luz sobre el plan de Dios, María se reconoce simple sierva, esclava, y se entrega sin reservas: “Hágase en mi según su Palabra”

2.- En la Visitación  (Lc 1, 39-56), vemos a María como una mujer que no sólo ora en momentos de silencio sino que hace de su vida una oración, pues vive realmente en la presencia de Dios. Conoce a Dios y se conoce a sí misma, sabe que todo en ella es puro don. Por eso:
  • Transmite con su sola presencia el gozo de la salvación,
  • Refiere toda alabanza y gloria a Dios,
  • Vive en actitud de alegría y agradecimiento a Dios Padre por todas las maravillas de la salvación, la alabanza brota alegre y espontáneamente de su ser.
  • Reconoce la santidad, la justicia y misericordia de Dios, que se coloca al lado de los pequeños y levanta a los humildes y oprimidos.
  • Descubre la fidelidad de Dios a su alianza a través de las generaciones.

3.- Ante la pérdida de Jesús (Lc 2,41-52), es bella la actitud de María como mujer orante:
  • Vive la búsqueda ansiosa, constante, serena de su Hijo  Dios.
  • Interroga sobre la conducta que no entiende
  • Guarda en corazón para volver a meditar el acontecimiento

4.- En Caná de Galilea (Jn 2,1-11),  en el compartir festivo junto a los novios de nuevo está ella junto a su Hijo, como amiga:


  • Atenta a la realidad

  • Madre suplicante ante la carencia humana

  • Con plena confianza en su Hijo,

  • Nos pide poner las condiciones necesarias para que se manifieste el poder salvífico de su Hijo: “Hagan lo que El les diga”.


  • 5.- Junto a la Cruz (Jn 19,25-27), sufre profundamente con su Hijo y se asocia a su sacrificio, adhiriéndose amorosamente a la inmolación de la Víctima por ella engendrada:


  • Permanece firme, serena, destrozada pero no desesperada,

  • Acepta la entrega de su Hijo

  • Conserva en el dolor la capacidad de acoger a Juan, a nosotros como nuevos hijos.

  • 6.- En el Cenáculo (Hech. 1,14),  espera en oración junto a los discípulos la efusión del Espíritu Santo.

    OREMOS COMO MARIA NOS ENSEÑA:


  • En actitud de escucha, para poder conocer y seguir la Voluntad del Padre.

  • Escuchando la Palabra, guardándola y meditándola en nuestro corazón.

  • Reconociendo nuestra pobreza y viviendo en una total dependencia de Dios.

  • Orando de forma individual. Nuestra oración personal, como la de María, ha de ser de alabanza, glorificación, acción de gracias, petición, meditación sobre los acontecimientos para descubrir en ellos el paso y la llamada de Dios.

  • Orando en comunidad, pidiendo luz y fuerzas junto a nuestros hermanos en la fe

  • Haciendo de la oración no sólo un acto esporádico y superficial, sino una actitud de vida.

  • Permaneciendo dóciles a la acción del Espíritu Santo.

  • Pronunciando bendiciones al Señor en varios momentos del día.

  • Permaneciendo unidas al misterio de Cristo y confiando en los momentos de prueba.



  • ORAR CON MARIA:

    Desde el S.IV, San Ambrosio, hablando a los fieles hacía votos para que en cada uno de ellos estuviese el alma de María para glorificar a Dios:
    “Que el alma de María esté en cada uno para alabar al Señor, que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en Dios”.

    Nosotros, como miembros de una Asociación Mariana estamos llamados a orar con María. Se podría pensar, ¿Es que María ora hoy?.

    El Concilio Vaticano II en la Lumen Pentium, Nº 62 afirma:
    “(María)Asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión, continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad, hasta que sean conducidos a la Patria bienaventurada”.

    Las Apariciones de Lourdes, Fátima, Rue du Bac, Guadalupe, muestran esta solicitud materna de María. En ellas descubrimos varias constantes:
    • Invitación a buscar a Dios, a la conversión. A Santa Catalina la Santísima Virgen le dice: “Ven al pie de este alta, aquí las gracias serán derramadas…”
    • Invitación a la oración.
    • Preocupación por la situación de la humanidad, por el pecado, las guerras, injusticias.
    • Invitación a  la fidelidad, a la penitencia.

    Tomemos el ejemplo de aquellos que han permanecido apegados a la Madre y fueron llevados por ella a la Santidad: Santa Catalina Labouré, San Luis María de Monfort, San Bernardo de Claraval y Santa Bernardita Sobirous.
    Oremos hoy con María:
    Asumiendo sus actitudes de humildad, adoración, alabanza y acogida generosa del plan de Dios en nuestra vida.
    Dejándonos introducir cada vez más en el misterio de Cristo:



  • Por la paz en el mundo y en las familias.

  • Por el triunfo de la gracia y el don de Dios sobre la amenaza del mal y el pecado en nuestro mundo de hoy.

  • Ofreciendo a Dios, sostenidas en nuestras manos y a la altura de nuestro corazón las necesidades y miserias de nuestro mundo. (“No tiene vino”)


  • El Papa Juan Pablo II en su exhortación sobre el Rosario de María (Oct. 2002), nos invita a recuperar esta devoción como verdadera oración contemplativa para:
    • Contemplar a Cristo con María.
    • Recordar a Cristo con María
    • Comprender a Cristo desde María
    • Configurarnos a Cristo con María
    • Rogar a Cristo con María
    • Anunciar a Cristo con María.

    “Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a  la “escuela” de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje”  (Nº 14).

    “En momentos en los que la cristiandad misma estaba amenazada, se atribuyó a la fuerza de esta oración la liberación del peligro y la Virgen del Rosario fue considerada como propiciadora de la salvación. Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oración, la causa de la paz en el mundo y la de la familia. (Nº 39).

    PARA LA REFLEXIÓN:
    1.- ¿Qué es para ti la oración?. Examina tu forma de orar y describe las cualidades de tu oración.
    2.- ¿Cuáles formas de orar se promueven hoy en tu comunidad cristiana?. ¿Con cuál de ellas te identificas más?. ¿Por qué?.
    3.- ¿Qué nos enseña María como Modelo de oración?
    4.- Teniendo en cuenta tu condición de miembro de una Asociación Mariana Vicenciana, ¿Cómo consideras que debe ser tu oración?
    5.- ¿Cómo podemos orar hoy con María?
    6.- En nuestra Asociación acostumbramos rezar el Rosario en las familias. ¿Qué valor tiene esta devoción?. ¿En qué hemos de renovar el rezo del Rosario, para que sea en verdad una oración con María y como María?.

     María, la mujer creyente

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    De distintos santos se ha dicho que eran dignos de admirar por sus asombro­sas proezas ascéticas, pero imposibles de imitar. El Concilio enseña que la santidad de María fue, ya desde el primer instante, enteramente singular (LG 56), y añaden que fue una santidad arcana, profunda (nº 64); pero los Padres sinodales se cui­daron mucho de declarar que María es in­imitable: la presentaron como modelo pa­ra nosotros y declararon que un rasgo de la verdadera devoción a María es su imi­tación (cf. 67). Por lo demás, la doctrina conciliar se centra, no en la ascesis de María, sino en su vida teologal, ejercitada en medio de los trabajos y alegrías de ca­da día. Dado que estamos en el Año de la Fe, consideraremos la fe de la Madre del Señor.

    Las facetas de la fe de María

    La Constitución dogmática sobre la Iglesia menciona conjuntamente la fe, la esperanza y la caridad seis veces (nn. 8, 31, 41, 61, 64, 65), las tres últimas en el capítulo dedicado a María. No son virtu­des mutuamente extrañas; su vital víncu­lo recíproco se enuncia brevemente así: -La fe engendra la esperanza y obra por la caridad. (41).

    No esperemos que el Concilio vaya a proponer una definición de fe para lue­go demostrar cómo cada línea se cum­plió punto por punto en María. Ese mo­do de proceder es más propio de un ma­nual; además, solo un año después de la promulgación de la Constitución sobre la Iglesia se aprobarla la Constitución sobre la revelación divina, cuyo número 5 ofre­ce, si no una definición, sí cierta descrip­ción de la fe como respuesta prestada a Dios que se revela; pero Lumen Gentium presenta varios trazos esenciales de la fe de María que importa comentar.

    En primer lugar, María es la virgen oyente que acepta el mensaje divino. La fe no es ejercicio de la fantasía que urde un bello relato de ficción en el que te asignas un papel estelar; es más bien cuestión de oído prestado a Alguien que entra en comunicación con nosotros, es acogida de su mensaje; no es cultivo de sueños nuestros (que pueden tener virtud estimulante y tera­péutica), sino escucha afinada del "sueño" de Dios. María, hija del pueblo de Israel, aceptó el mensaje de Dios a este pueblo y el mensaje dirigido a ella personalmente.

    En concreto, este se refiere, no a prin­cipios generales, sino a un aconteci­miento que la involucra por entero: concebirá y dará a luz al Salvador. Ese es el papel que le señala el querer de Dios; y María ejercita su fe abrazando de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno esta voluntad salvífi­ca (56). Se comprende así que Isabel la felicite efusivamente -a causa de su fe en la salvación prometida. (57).
    Reparemos en la expresión "de todo corazón": María no consiente con acti­tud desganada, miedosa y renuente, si­no con una fe y una obediencia libres (56). Distintos exegetas han puesto de relieve que el "hágase" de María CLc 1,38) está formulado en un modo ver­bal griego que se llama optativo, usa­do para expresar los deseos. El con­sentimiento de María es gozoso.

    Hay un nuevo rasgo de la fe que Ma­ría presta al mensajero de Dios en ese momento singular de la Anunciación: es una fe exenta de toda duda (63). Es­ta nota da un perfecto acorde con la anterior, porque la duda entorpece la decisión y ensombrece el gozo.
    María no vive la relación de fe como un asunto privado ("yo y mi Dios"), para su uso y beneficio personal, indiferente y ajena a la suerte del resto. El Concilio recuerda la doctrina de san Ireneo, que afirmaba cómo María, mediante su fe, fue causa de salvación para ella y para toda la humanidad. Una de las formas de expresar la función salvífica de la fe y obediencia de María consiste en con­trastarlas con la desobediencia e incre­dulidad de Eva: el nudo que Eva ató con sus actitudes fue desatado gracias a las de María (56; cf. 61).
    Avanzó en la peregrinación de la fe

    Nos quejamos de que, en muchos ca­sos, la fe vivida y aprendida en la infan­cia se haya quedado anquilosada, como una vieja reliquia en estado de hiberna­ción, mientras que se desarrollan otras dimensiones de la persona: crece su mundo de experiencias, adquiere cono­cimientos y destrezas que la habilitan para la vida profesional, madura en su mundo de relaciones y en su capacidad de tomar decisiones, afina su sensibili­dad y cultiva con pasión sus aficiones. La fe de María no se quedó congelada en la fase infantil. Ella, que vive en un momento crucial de la historia de la sal­vación y la revelación de Dios, va más allá de lo recibido en la escuela domés­tica. Avanzó en la peregrinación de la fe. No dice el Vaticano Il que fuera una seguidora de Jesús durante el ministerio del Hijo; sencillamente recuerda varios momentos de este ministerio en que María está presente o se la menciona (Mc 3,35; Lc 11,27-28), para afirmar que no es la mera maternidad biológica y el vínculo natural de María con Jesús lo que se debe encarecer, sino su escucha y guarda de la palabra de Dios (58).
    Un momento singular será el de la presencia de María junto a la cruz de Je­sús. El Concilio no admite que María ce. diera a la duda en aquel trance suma­mente duro y oscuro Ces lo que pensaba Orígenes); tampoco enseña de modo ex­preso que su participación creyente en el misterioso despojo de Jesús fuera "tal vez la más profunda "kénosis" de la fe en la historia de la humanidad. (así lo propo­ne Juan Pablo 1I en Redemptoris mater, nº 18). Lo que sí afirma el Vaticano Il es que María activó en aquel momento la fe ejercitada durante su vida: "Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, pa­deciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente im­par a la obra del Salvador con la obe­diencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida so­brenatural de las almas" (61).

    Si tal fue la fe de María, tendrá algo que decir a la Iglesia como comunidad de fe, esperanza y caridad (8). En efecto, se la presenta -como tipo y ejemplar acabadísimo- de la Iglesia "en la fe y en la caridad. (53). Es su modelo en la conser­vación virginal de una fe Íntegra (64); de modo similar a como María avanzó en la peregrinación de la fe (58), la Iglesia ha de progresar en ella, así como en la es­peranza y la caridad (65).

    Conclusión

    Las notas de la fe-obediencia de María, según el Vaticano Il, serían estas: libre, gozosa (indicada implícitamente), exenta de duda, salvífica, en itinerario hacia su plena madurez, ejemplar. El papa Fran­cisco publicó el 29 de junio de este año la encíclica Lumen Iidei, cuyo argumento es precisamente la fe. Los números fina­les están dedicados a María, la creyente en que culmina el camino de fe del An­tiguo Testamento (58) e implicada en la confesión cristiana de fe (59); a ella, co­mo madre de nuestra fe, le pide el Papa que nos ayude a vivirla en la variedad de sus facetas (60).
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