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Esdras el Hombre de corazón recto


Los libros de Esdras, Ester y Nehemías abarcan el período histórico de la cautividad de Israel en Babilonia y el período inmediatamente posterior a su regreso a Jerusalén. A Jerusalén procedentes de Babilonia regresaron unos ciento cincuenta mil judíos, muchos, muchos menos que los que regresaron recientemente, algo que es algo tan maravilloso para nosotros en estos tiempos. El relato bíblico concede gran importancia a este retorno.


Esdras es un famoso sacerdote y escriba relacionado con la restauración de Israel después del Exilio. Las principales fuentes de información sobre su vida son los libros canónicos de Esdras y Nehemías. Hay un grupo de escritos apócrifos que se refieren a él pero apenas se puede confiar en ellos, puesto que más bien relatan los cuentos legendarios de una época posterior. Esdras era de ascendencia sacerdotal perteneciente a la línea de Sadoq (Esd. 7,1-5). El se llama a sí mismo “hijo de Seraías” (7,1), una expresión que muchos entienden en un sentido amplio, presuponiendo que Seraías, el sumo sacerdote del que habla 2 Reyes 25,18-21, era uno de los ancestros de Esdras. Sin embargo se le conoce más bien como “el escriba” que como “el sacerdote”: él era “un hábil escriba en la ley de Moisés” y por consiguiente especialmente cualificado para la tarea para la que estaba destinado entre su pueblo.

Entre las cuestiones relacionadas con la historia de la restauración judía, una de las más discutidas es la relación cronológica de la obra de Esdras con la de Nehemías. Muchos expertos bíblicos aún se agarran a la postura sugerida por el orden tradicional del texto sagrado (concediendo la ruptura de la narrativa---Esdras 4,6-23) y colocan la misión de Esdras antes que la de Nehemías. Otros, entre los que podemos mencionar al profesor Van Hoonacker de Lovaina, Dr. T.K. Cheyne en Inglaterra y el profesor C.F. Kent en América, para eliminar las numerosas dificultades que surgen de la interpretación de las fuentes principales de esta historia, afirman que la misión de Nehemías precedió a la de Esdras. La primera de las opiniones sostiene que Esdras llegó a Jerusalén alrededor del 458 a.C. y que la primera llegada de Nehemías fue en 444 y la segunda en 430 a.C., y según la opinión contraria la misión de Esdras pudo haber tenido lugar tan tarde como el año 397 a.C. Sea como fuere, como aquí sólo nos concierne Esdras, nos limitaremos a resumir los principales rasgos de su vida y obra, sin tener en cuenta los problemas que conlleva; baste con haberlos mencionado.


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Ya habían pasado muchos años desde que se había autorizado a los judíos a volver a Palestina. Entre dificultades y obstáculos la comunidad restaurada se había asentado de nuevo en su antiguo hogar y habían construido un nuevo Templo, pero su condición tanto desde el punto de vista político como religioso, era muy precaria. Irritados bajo la opresión de los sátrapas persas, se habían vuelto indiferentes y habían dejado de observar la Ley. Desde Babilonia, donde era bien conocido este estado de cosas, Esdras deseaba ir a Jerusalén y utilizar su autoridad como sacerdote e intérprete de la Ley para restaurar las cosas a una condición mejor. Gozaba del favor de la corte del rey persa y no sólo obtuvo permiso para visitar Judea sino además un edicto real que le investía de amplia autoridad para realizar su propósito e importante ayuda económica del tesoro real.

El rescripto, además, les ordenaba a los sátrapas “de más allá del río” que ayudaran a Esdras con liberalidad y decretó que todos los oficiales del Templo judíos estuviesen exentos de impuesto, contribución o peaje. “Y tú, Esdras, nombra jueces y magistrados para que juzguen a todo el pueblo que está más allá del río” (Esdras 7,25). Finalmente la Ley de Dios y la ley habrían de tener severas penas para exigir su cumplimiento. El edicto permitía a todos los judíos que quisieran volver libremente a su país a que así lo hicieran. Unos 1800 hombres incluidos algunos sacerdotes, levitas y natineos salieron con Esdras desde Babilonia y después de cinco meses llegaron a salvo a Jerusalén, donde se habían arraigado abusos que habían sido desatendidos durante largo tiempo. Esdras se dio a la tarea de corregirlos una vez que hubo depositado en el Templo el oro y la plata que habían traído desde Babilonia y que hubo ofrecido sacrificios La primera tarea que emprendió fue ocuparse de los matrimonios mixtos.

Ignorando la Ley de Moisés muchos, hasta los dirigentes judíos y sacerdotes, se habían casado con las habitantes idólatras del país. Horrorizado por el descubrimiento de estos abusos--- cuya magnitud probablemente había sido desconocida para Esdras hasta entonces--- manifestó sus sentimientos en una oración que impresionó de tal manera al pueblo que Sequenías, en sus nombres, propuso que los israelitas despidieran a sus esposas extranjeras y a los hijos tenidos con ellas. Esdras aprovechó la oportunidad y consiguió de la congregación un juramento de que cumplirían con esta proposición. Los príncipes y los ancianos reunieron una asamblea del pueblo pero el asunto no pudo ser zanjado fácilmente por lo que se nombró una comisión encabezada por Esdras para solucionarlo. La comisión se reunió durante tres meses, al final de los cuales las “esposas extranjeras” fueron despedidas. No se nos dice cual fue el resultado de tan drástica medida; las memorias de Esdras se interrumpen aquí. Tampoco sabemos si una vez cumplida su misión volvió a Babilonia o se quedó en Jerusalén.

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Lo volvemos a encontrar en Jerusalén en la lectura de la Ley que tuvo lugar después de la reconstrucción de las murallas. Sin duda este hecho había despertado el entusiasmo del pueblo y para cumplir con la demanda popular Esdras trajo el Libro de la Ley. En el primer día del séptimo mes (Tishri), se celebró una gran concentración “en la calle que hay delante de la puerta del agua” para leer la Ley. Esdras, subido en una plataforma, leyó el libro en voz alta “desde la mañana hasta el medio día”. Al oír las palabras de la ley, que habían transgredido con tanta frecuencia, la congregación rompió en lamentos poco apropiados para la santidad de aquel día, así que Nehemías disolvió la asamblea. Esdras retomó la le lectura al día siguiente y encontraron en la Ley las directrices para la fiesta de los tabernáculos. Así que se dieron los pasos necesarios para la debida celebración de esa fiesta, que debía durar siete días, desde el día décimo quinto hasta el vigésimo segundo de Tishri. Esdras continuó la lectura pública de la Ley cada día de la fiesta; y dos días después de terminada se mantuvo un ayuno muy severo y “se levantaron y confesaron sus pecados y las iniquidades de sus padres” (Neh. 9,2).

Fue una buena oportunidad para renovar solemnemente el pacto entre el pueblo y Dios. Este pacto comprometía a la comunidad a la observancia de la Ley, a la abstención de matrimonios con paganos, a guardar cuidadosamente el Sabbath y las fiestas y a las distintas regulaciones acordadas para el cuidado del Templo, sus servicios y el pago de los diezmos. Los príncipes, levitas y sacerdotes lo leyeron formalmente y fue firmado por Nehemías y representantes escogidos de los sacerdotes (por extraño que parezca, el nombre de Esdras no aparece en la lista de los que la subscribieron (Neh. 10,1-27). En adelante no vuelve a hacerse mención de Esdras en la literatura canónica. No se habla de él en relación con la segunda misión de Nehemías a Jerusalén y esto ha llevado a muchos a suponer que podía haber fallecido. De hecho tanto el lugar como la fecha de su muerte son desconocidos, aunque en las orillas del Tigris, cerca del lugar donde se une con el Éufrates, hay un monumento que se alega es la tumba de Esdras; durante siglos ha sido un lugar de peregrinaciones para los judíos.

El papel de Esdras en la restauración de los judíos después del exilio dejó una impresión permanente en las mentes del pueblo, lo cual se debió a que en adelante la vida de los judíos discurrió por los cauces trazados por él y de un modo que, en lo esencial, nunca se separó. Hay probablemente una gran parte de verdad en la tradición que le atribuye la organización de las sinagogas y la determinación de los libros consagrados como canónicos entre los judíos. La actividad de Esdras parece haber ido aún más lejos. El Talmud le atribuye haber compilado “su propio libro” (es decir: Esdras-Nehemías) “y las genealogías de los Libros de las Crónicas hasta su propio tiempo” (Trat. "Baba bathra", 15a). Sin embargo, especialistas modernos difieren ampliamente respecto a la extensión de su trabajo literario. Algunos lo ven como el último editor del Hexateuco, mientras que, por el contrario, otros dudan de que tomara parte en la composición de Esdras – Nehemías y Crónicas. Sea como fuere, es cierto que nada tuvo que ver en la composición de los llamados Tercero y Cuarto Libros de Esdras. Como ocurre con muchos hombres que han jugado una parte importante en las épocas trascendentales de la historia, con el curso del tiempo la personalidad y actividad de Esdras asumió en las mentes del pueblo proporciones gigantescas.

Esta leyenda se mezcló con la historia y proveyó para completar la escasez de datos que hay sobre su vida. Se le vio como un segundo Moisés y se le atribuyeron todas las instituciones que no se le pudieron atribuir a Moisés. Según la tradición judía restauró de memoria---una gesta poco menos que milagrosa---todos los libros del Antiguo Testamento, los que se creía habían perecido durante el Exilio. Asimismo sustituyó, al copia la Sagrada Escritura, la antigua escritura fenicia por el alfabeto aún en uso. Hasta la Edad Media, e incluso el Renacimiento, continuó creciendo la cosecha de logros legendarios atribuidos a él. Entonces se le aclamó como organizador de la famosa Gran Sinagoga---cuya existencia misma parece ser un mito---y como inventor de los signos vocales del hebreo.

Los libros de Esdras

No poca confusión surge de los títulos de estos libros. Esdras A de los Setenta es III Esdras de San Jerónimo, mientras que el griego Esdras B corresponde a I y II Esdras de la Vulgata, que originalmente estaban unidos en un solo libro. Los escritores protestantes, tras la Biblia de Ginebra, llaman al I y II Esdras de la Vulgata respectivamente Ezra y Nehemías, y a III y IV Esdras de la Vulgata, respectivamente I y II Esdras. Sería deseable tener una uniformidad de títulos. Aquí seguiremos la terminología de San Jerónimo.

Aprende de Esdras

I Esdras
(Gr. Esdras B, primera parte; V.A. Ezra). Como se ha dicho arriba, en el canon judío este libro formaba un solo volumen con II Esdras. Pero los escritores cristianos del siglo IV adoptaron la costumbre---cuyo origen no es fácil de asignar---de considerarlos dos obras distintas. Esta costumbre prevaleció hasta tal punto que pasó hasta a la Biblia Hebrea, donde ha permanecido en uso. Por otra parte, los muchos y muy notables parecidos que innegablemente existen entre Esdras-Nehemías y Crónicas, y usualmente explicados por la unidad de autoría, han sugerido la posibilidad de que todos estos libros formaran, al principio, un solo volumen, para el que se ha propuesto el título de “Crónica Eclesiástica de Jerusalén”, que expresaría muy bien su contenido. ¿Deberían estos libros ser considerados como independientes o como parte de una obra más amplia? Hay poca discusión acerca de la unión de I y II Esdras, que puede ser considerado un solo libro. Aunque la opinión que afirma que Esdras-Nehemías y Crónicas eran una sola obra parece ganar terreno entre los estudiosos bíblicos, hay muchos que se oponen decididamente, y que opinan que sus argumentos son incapaces de preponderar sobre la evidencia en la dirección opuesta. No deberíamos esperar encontrar en I Esdras ni en II Esdras un relato completo de los sucesos relacionados con la Restauración, ni siquiera de las vidas de Esdras y Nehemías. La razón está en el propósito del autor de simplemente narrar los principales pasos dados para el restablecimiento de la teocracia en Jerusalén. Así, en dos partes paralelas, nuestro libro trata de:

el retorno de los judíos bajo la dirección de Zorobabel;
el retorno de otro grupo bajo el mando de Esdras.
En el primero, con el decreto de Ciro (1,1-4) y la enumeración de los miembros más prominentes de la caravana (2) leemos una narración detallada de la reconstrucción del Templo y su exitosa culminación a pesar de la encarnizada oposición (3 - 4). Los sucesos que se narran cubren veintiún años (536-515). La última parte trata de hechos que pertenecen a una fecha muy posterior (458 ó 397). Abre con el decreto de Artajerjes (7) y el censo de los miembros del grupo y relata brevemente el viaje a través del desierto (8) y da todos los hechos relacionados con la aplicación forzosa de la Ley de los matrimonios mixtos con mujeres extranjeras (9 a 10).

I Esdras es una compilación de varias partes que difieren en naturaleza, origen y hasta en el lenguaje. Al menos se pueden reconocer tres de las partes:

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las memorias personales de Esdras (7,27 a 9,15);
listas muy probablemente tomadas de documentos públicos (2,1-70; 7,1-5);
Escritos arameos (4,7 - 6,18; 7,12-26), supuesta y probablemente parte de una “historia más comprehensiva de la comunidad restaurada” ( Stade).
El compilador las puso juntas en la forma presente, añadiendo, por supuesto, de vez en cuando observaciones propias o algunos hechos tomados de otras fuentes que nos son desconocidas. Como algunos pudieran creer, este carácter compilatorio no disminuye en manera alguna el alto valor histórico de la obra. Es cierto que muy probablemente el compilador no estaba dotado de un agudo sentido de la crítica y transcribió indiscriminadamente unas junto a otras todas sus fuentes “como si fueran igualmente confiables” (L.W. Batten); pero no debemos olvidar que ha conservado para nosotros páginas del más alto valor; incluso las que se podrían considerar de menor confiabilidad son los únicos documentos disponibles con los cuales reconstruir la historia de esos tiempos; y el compilador, aun desde el punto de vista de de la investigación científica moderna, apenas pudo hacer algo mejor y más digno de alabanza que poner en nuestras manos las fuentes de información de las que disponía. La composición de la obra ha sido atribuida desde antiguo sin discusión al mismo Esdras. Este punto de vista, enseñado en el Talmud, y aún admitido por los estudiosos de buen nivel, es sin embargo abandonado por algunos estudiosos bíblicos modernos, quienes aunque con distintas opiniones sobre la cuestión de la fecha, están bastante de acuerdo en que el libro es posterior al 330 a.C.

II Esdras
Ver Libro de Nehemías.

III Esdras
(Gr. Esdras A; escritores protestantes, I Esdras)

Aunque no pertenece al Canon de las Sagradas Escrituras, este libro se halla usualmente, ne prorsus intereat, en un apéndice de las ediciones de la Vulgata. Se compone casi por completo de materiales existentes en los libros canónicos. El siguiente esquema muestra suficientemente los contenidos y señala los paralelos canónicos:

III Esdras 1 y 2 Crón. 35, 36: Historia del Reino de Judá desde la gran Pascua de Josías a la Cautividad.
III Esdras, 2,1-15 (texto griego, 14) y I Esdras 1: Decreto de Ciro. Retorno de Sassabasar.
III Esdras 2,16 (Gr. 15)-31 (Gr. 25) y I Esdras 4,6-24: Oposición a la reconstrucción del Templo.
III Esdras 3,1 - 5,6: Parte original. Historia de los tres pajes. Regreso de Zorobabel.
III Esdras 5,7-46 (Gr. 45) y I Esdras 2: Lista de los que vuelven con Zorobabel.
III Esdras 5,47 (Gr. 46)-73 (Gr. 70) y I Esdras 3,1 - 4,5: Altar de los holocaustos. Se ponen los cimientos del Templo. Oposición.
III Esdras 6,7 y I Esdras 5, 6: Templo Terminado.
III Esdras 8,1 - 9,36 y I Esdras 7 - 10: Regreso de Esdras.
III Esdras 9,37-56 (Gr. 55) y II Esdras 7,73 - 8,12: Lectura de la Ley por Esdras.
El libro está incompleto y se termina en mitad de una frase. La versión latina completa la frase interrumpida del texto griego, pero el texto en su plenitud probablemente contenía la narración de la Fiesta de los Tabernáculos (Neh. 8). Una característica extraña del libro es el total descuido del orden cronológico. La historia, realmente, va hacia atrás, mencionando primero a Artajerjes (2,16-31), después a Darío (3 - 5,6) y finalmente a Ciro (5,7-73). Todo ello hace difícil detectar el objeto real del libro y el propósito del compilador. Se ha sugerido que tenemos aquí una historia del Templo desde el tiempo de Josías hasta Nehemías, y esta opinión está bien apoyada por la suscripción de la antigua versión latina. Otros suponen que en general el libro es más bien una traducción temprana de la obra del cronista, hecha en un tiempo cuando Crónicas, Esdras y Nehemías aún formaban un solo volumen. Sea lo que fuere, parece que hasta la época de San Jerónimo hubo dudas respecto a la recepción del libro en el Canon; era citado libremente por los primeros Padres y fue incluido en la “Hexapla” de Orígenes. Esto puede ser explicado con el hecho de que III Esdras puede considerarse como otra recensión de las Escrituras canónicas. Sin dudas que nuestro libro no puede pretender ser una obra de Esdras. Por ciertos particulares, tales como el parecido del griego con la traducción de Daniel, algunos detalles de vocabulario etc., los estudiosos pensaron que III Esd. había sido compilado probablemente en el Bajo Egipto, durante el siglo II a.C.. Nada se puede decir del autor excepto, quizás, que la antedicha semejanza de estilo con Daniel puede inclinar a concluir que ambas obras sean posiblemente del mismo autor.

IV Esdras
Tal es el título del libro en la mayoría de los manuscritos latinos. Los apócrifos (protestantes) ingleses, sin embargo, lo dan como II Esdras, a partir de las palabras iniciales: “El segundo libro del profeta Esdras”. Autores modernos lo llaman con frecuencia Apocalipsis de Esdras. Esta obra notable no se ha conservado en el texto griego original, pero tenemos traducciones latinas, siríacas, árabes (dos versiones independientes), etiópicas y armenias. El texto latino usualmente aparece impreso en el apéndice a las ediciones de la Vulgata, pero estas ediciones carecen de setenta versos entre 7,35, y 7,36. El fragmento que falta, que se leía en las otras versiones, fue descubierto por R.L. Bensly, en 1874, en un manuscrito latino, y desde entonces ha sido repetidamente impreso. El libro en latín se divide en 16 capítulos. Sin embargo, los dos primeros (1, 2) y los dos finales (15, 16), que no se hallan en las traducciones orientales, sin duda son considerados por todos como adiciones posteriores, extraños a la obra primitiva.

El cuerpo del Libro Cuarto, cuya unidad parece incuestionable, se compone de las siete visiones que supuestamente tuvo Esdras en Babilonia, el año trigésimo después de la destrucción de Jerusalén (la fecha dada se equivoca casi en un siglo).

• En la primera visión (3,1 - 5,20), Esdras lamenta la aflicción de su pueblo. ¿Por qué no cumple Dios sus promesas? ¿No es acaso Israel la nación elegida, y mejor, a pesar de su “mal corazón” que los vecinos paganos? El ángel Uriel reprende a Esdras por preguntar cosas que están más allá de su entendimiento; se le dice al “profeta” que el tiempo pasado excede al tiempo por venir y se le dan las señales del fin.

• En otra visión (5,21 - 6,34), aprende, con nuevas señales, sobre fin, por qué Dios “no hace todo inmediatamente”.

• Entonces sigue (6,35 - 9,25) una brillante descripción de la edad mesiánica. “Mi hijo” vendrá en su gloria, acompañado por aquellos que no han gustado la muerte, como Moisés, Enoc, Elías, y el mismo Esdras. Reinarán 400 años y entonces “mi hijo” y todos los seres vivientes, morirán; tras siete días del “antiguo silencio”, la Resurrección y el Juicio.

• A continuación (9,26 - 10,60) Esdras contempla, en la aparición de una mujer que llora por su hijo muerto el día de su boda, una descripción apocalíptica del pasado y futuro de Jerusalén.

• Esta visión es seguida por otra (11,1 - 12,39) que representa al Imperio Romano, bajo la figura de un águila, y por una tercera (13) que describe la ascensión del reino mesiánico.

• El ultimo capítulo narra cómo Esdras ha restaurado los 24 libros del Antiguo Testamento que se habían perdido y escribió setenta libros de misterios para los sabios entre el pueblo.

El Cuarto Libro de Esdras está entre las más bellas producciones de la literatura judía. Ampliamente conocido en el cristianismo primitivo y frecuentemente citado por los Padres (especialmente San Ambrosio), se puede decir que ha enmarcado la creencia popular medieval sobre los últimos días. El uso litúrgico muestra su popularidad. El segundo capitulo ha suministrado material para los versos del Requiem æternam del Oficio de Difuntos (24-25), la respuesta Lux perpetua lucebit sanctis tuis del oficio de los Mártires durante el tiempo de Pascua (35), el introito Accipite jucunditatem del martes de Pentecostés (36-37), las palabras Modo coronantur del Oficio de los Apóstoles (45); de igual manera, el verso Crastine die de la víspera de Navidad se toma de 16,53. A pesar de lo bello y popular que es el libro, su origen está envuelto en misterio. Los capítulos introductorios y finales, que contiene evidentes huellas cristianas, se asignan al siglo III (ca. 201-268 d.C.). La parte principal (3 - 14) es sin dudas la obra de un judío---ya sea romano, palestino o alejandrino, nadie puede decirlo. Respecto a la fecha, los autores tienen variadas opiniones y se han sugerido todas las fechas desde el 30 a.C. al 218 d.C.; los estudiosos parecen acercarse más hacia el año 97 d.C.


Fuente: Souvay, Charles. "Esdras." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. .

Traducido por Pedro Royo. L H M.





El Líder Espiritual Basados en los Libros de Esdras y Nehemías
2 Nehemías introducción Su relato se inicia en Susa, capital del imperio persa, en el año 445 a.C. en el mes de Quisleo, este es el año 20 del Rey Artajerjes. Durante la invasión de los babilonios los muros de Jerusalén habían sido derribados. Todo estaba en ruinas, lo mismo los muros que las múltiples entradas a la ciudad. Eso era motivo de tristeza para los exiliados que apenas habían vuelto, y motivo de gran dolor para Nehemías, coopero del rey Artajerjes. Pero aunque Nehemías se hallaba a unos mil kilómetros de distancia, no se había olvidado de su amada ciudad ni de su pueblo. En tanto que Esdras nos relata la reedificación del templo bajo dirección de Zorobabel, su contemporáneo Nehemías nos narra la reedificación de los muros de Jerusalén.
3 Nehemías: un hombre de oración Nehemías 1:1-11 Muestra interés por su Pueblo. Debemos tener la misma actitud con los hermanos que están en pruebas. 1 Juan 1:37.
4 Nehemías: un hombre de oración Nehemías 1:1-11 Los muros derribados representan las pruebas y problemas que enfrentamos. Representan una condición espiritual. Los muros influían en la moral y animo del pueblo. Muros caídos=vida espiritual derribada. La fortaleza espiritual viene de nuestra relación con Dios y confianza en Él. Efesios 6:10, Prov. 25:28.
5 Nehemías: un hombre de oración Nehemías 1:1-11 Se quebrantó (ver.4, Salmo 51:17): Nehemías lloró, se quebrantó y ayuno ante Dios (ver.4). Está actitud reflejaba el corazón de Nehemías por su pueblo. No podía contenerse, al ver su pueblo destruido. ¿Alguna vez ha reaccionado de esa forma? Somos un cuerpo. Debemos alegrarnos y contristarnos juntos. 1 Cor.12:26. Esto lo logra el amor. 1 Juan 4:7-8. Jesús se lamentó al ver la condición espiritual de Israel. Mateo 23:37
6 La oración de Nehemías Perdón de pecados y arrepentimiento (ver 5-7). Limpieza de pecados y encomienda su petición. El pecado nos separa de Dios Isaías 59:1-2. Debemos confesarlos. Prov. 28:13, 1 Juan 1:9.
7 La oración de Nehemías Invocar la Palabra de Dios (ver. 8-10): Nehemías invoca la Palabra de Dios y acepta que con guardar sus mandamientos, Dios tendrá misericordia de ellos. Sal. 118:5-6, Mateo 24:35, Juan 14:21. La Palabra debe ser el centro de nuestra vida. El guardarla en nuestro corazón nos aleja del pecado. Sal. 119:11.
8 La oración de Nehemías La gracia y Victoria son de Dios y no de nosotros (ver.10): Nehemías reconoce el poder de Dios y que Él es el único que los puede ayudar. Humillarse y aceptar que la victoria no puede venir de él sino del Señor. Job 12:13, Fil 2:9- 10.
9 Aplicación Final La oración es importante en nuestra vida. Sin ella no podremos resistir la tentación, no podremos vencer las pruebas, no tendríamos dirección y no nos regiríamos a su voluntad. No podemos cesar de orar en ningún tiempo. 1 Tes. 5:17, Lucas 18:1.
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