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Texto bíblico para el 2014

TEXTO BÍBLICO PARA EL 2014[1]
¿Es que Cristo está dividido?
(1 Cor. 1, 1-17)
18-25 de enero de 2014

(1 Corintios 1, 1-17)  Pablo, elegido por designio de Dios para ser apóstol de Cristo Jesús, y el hermano Sóstenes, a la Iglesia de Dios reunida en Corinto. A vosotros que, consagrados por Cristo Jesús, habéis sido elegidos por Dios para ser su pueblo, junto con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor suyo y nuestro. Que Dios, nuestro Padre, y Jesucristo, el Señor, os concedan gracia y paz.

Doy gracias sin cesar a mi Dios por vosotros ya que os ha otorgado su gracia mediante Jesucristo y os ha enriquecido sobremanera con toda clase de dones, tanto en lo que se refiere al conocer como al hablar. Y de tal manera se ha consolidado en vosotros el mensaje de Cristo, que de ningún don carecéis mientras estáis a la espera de que nuestro Señor Jesucristo se manifieste. Él será quien os mantenga firmes hasta el fin, para que nadie tenga de qué acusaros el día de nuestro Señor Jesucristo. Dios, que os ha elegido para vivir en unión con su Hijo Jesucristo, es un Dios que cumple su palabra.

Pero tengo algo que pediros, hermanos, y lo hago en nombre de nuestro Señor Jesucristo: que haya concordia entre vosotros. Desterrad cuanto signifique división y recuperad la armonía pensando y sintiendo lo mismo. Digo esto, hermanos míos, porque los de Cloe me han informado de que hay divisiones entre vosotros. Me refiero a eso que anda diciendo cada uno de vosotros: “Yo pertenezco a Pablo, yo a Apolo, yo a Pedro, yo a Cristo”. Pero bueno, ¿es que Cristo está dividido? ¿Ha sido crucificado Pablo por vosotros o habéis sido bautizados en su nombre? ¡Es como para dar gracias a Dios el no haber bautizados entre vosotros más que a Crispo y a Gayo! Así nadie puede presumir de haber quedado vinculado a mí por el bautismo. Bueno, también bauticé a la familia de Estéfanas; fuera de estos, no recuerdo haber bautizado a ningún otro. Y es que Cristo no me envió a bautizar, sino a proclamar el mensaje evangélico. Y a proclamarlo sin alardes de humana elocuencia, para que no quede anulada la eficacia de la cruz de Cristo.
Biblia Traducción Interconfesional (BTI)


INTRODUCCIÓN AL TEMA
PARA EL AÑO 2014
¿Es que Cristo está dividido?
(1 Corintios 1, 1-17)

1. Los canadienses vivimos en un país marcado por la diversidad de la lengua, la cultura e incluso el clima, y también encarnamos la diversidad en nuestras expresiones de la fe cristiana. Vivir con esta diversidad, y al tiempo permanecer fieles al deseo de Cristo de la unidad de sus discípulos, nos lleva a reflexionar sobre la provocadora pregunta de Pablo en I Corintios: “¿Es que Cristo está dividido?” Con fe, respondemos: “¡no!”, y sin embargo nuestras comunidades eclesiales continúan albergando divisiones escandalosas. I Corintios también señala un modo en el que podemos valorar y recibir los dones de otros, incluso ahora en medio de nuestras divisiones, y que nos anima a trabajar por la unidad.

2. Canadá es conocida por su espectacular naturaleza: sus montañas, bosques, lagos y ríos, sus extensiones de trigo y sus tres costas oceánicas. Nuestra tierra se extiende desde el Atlántico hasta el Pacífico, y desde la frontera con Estados Unidos hasta el polo Norte. Esta es una tierra fértil para la agricultura y rica en recursos naturales. Canadá es también un territorio de pueblos diversos: las Primeras Naciones, los inuit y los métis[2], y muchas personas que, venidas de todo el mundo, se establecieron aquí. Tenemos dos idiomas oficiales: francés e inglés. Pero muchos canadienses celebran la herencia cultural y lingüística que han recibido de la patria de sus antepasados. Nuestras divisiones sociales y políticas a menudo se originan en las diferencias lingüísticas, culturales y regionales. Con todo, tratamos de aprender a valorar como esas identidades nacionales contribuyen a una saludable diversidad en Canadá. En este sustrato multicultural, muchos cristianos han traído sus particulares modos de practicar su fe. La carta de Pablo se dirige a nosotros, en nuestra diversidad, y nos invita a reconocer que como Iglesia concreta en nuestro lugar particular, no podemos estar aislados ni actuar unos contra otros, sino que debemos reconocer que todos los que invocamos el nombre del Señor estamos interconectados unos con otros.

3. En el pasaje de la Escritura elegido para la reflexión de este año, Pablo comienza su epístola a los corintios con un encabezamiento impactante. Como si se tratara de la obertura de una ópera o del primer movimiento de una sinfonía, el pasaje toca temas que nos preparan para lo que sigue en la epístola. Hay tres movimientos en este texto. Los tres establecen una base sólida que a la vez nos interpela en nuestra reflexión como cristianos que vivimos y trabajamos juntos en las Iglesias y la sociedad de hoy.

4. En el primer movimiento (1, 1-3), Pablo y su compañero cristiano Sóstenes –como una pequeña pero auténtica comunidad de dos– se dirigen a otra comunidad, más numerosa y muy activa, los cristianos de Corinto. Se refiere a los corintios como a la “Iglesia de Dios”, no solo como una porción local de la Iglesia, sino como una expresión plena de la Iglesia en su parte del mundo. Pablo les recuerda que son un pueblo de “elegidos”, “consagrados”, no aislados por su cuenta, sino “junto con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor suyo y nuestro”. Esta última expresión también podría traducirse como “tanto en su lugar como en el nuestro”. Por eso, son auténticamente la Iglesia de Dios, pero muy conectados a todas las demás personas que invocan al Señor, tanto en su confesión como en su lugar. Seguidamente Pablo, como en todas sus cartas, extiende su habitual y potente saludo de la gracia y la paz de Dios. En el lenguaje de Pablo, “gracia” indica la bondad de Dios y los dones que nos concede en Cristo, y ha de despertar nuestra gratitud hacia Dios y nuestra generosidad hacia los otros. Su “paz” para nosotros en toda su plenitud y reciprocidad es comunión (koinonia) en Dios.

5. ¿Dónde ves la gracia y la paz de Dios en tu Iglesia local, en tu comunidad más amplia y en tu país? ¿Cómo podrías ir más allá de una solicitud por tu comunidad inmediata para atender a la comunidad de todos los cristianos y del mundo?

6. Cuando Pablo está a punto de empezar a exhortar a la comunidad de Corinto, comienza el siguiente movimiento en nuestro texto (1, 4-9) dando gracias a Dios “que os ha otorgado su gracia mediante Jesucristo”. No se trata solo de una formalidad, sino de una verdadera alegría en los dones que Dios ha concedido a esta comunidad. Pasa entonces a reafirmarlos: “de tal manera se ha consolidado en vosotros el mensaje de Cristo, que de ningún don carecéis”. Les asegura que serán mantenidos firmes hasta el fin y que “Dios... cumple su palabra”. Dios nos llama a la comunión (koinonia) de su Hijo con todas sus implicaciones sociales y espirituales para nuestras Iglesias y nuestras gentes.

7. Como cristianos canadienses, somos conscientes de que no siempre hemos estado dispuestos a alegrarnos de los dones presentes en otras comunidades cristianas. Leyendo el texto de Pablo con un espíritu ecuménico, nos hacemos más conscientes de que estamos invitados a alegrarnos sinceramente por como Dios ha bendecido a otros cristianos y a otros pueblos. Los primeros que trajeron la fe cristiana a Canadá a menudo se mostraron despreciativos hacia los dones y los conocimientos de los pueblos indígenas, y no supieron ver las bendiciones que Dios concedía a través de ellos.

Tenemos mucho que agradecer por la diversidad de las gentes y las expresiones de fe en nuestro país. A pesar de que nuestra historia tiene muchos ejemplos que denotan falta de respeto y de apoyo mutuo, sabemos que nuestro país se construyó gracias a la cooperación y buscando caminos de paz en casa y en el mundo. A menudo damos por descontado nuestro gozo por los regalos de Dios en la naturaleza, y nos cuesta encontrar el equilibrio entre la prosperidad y la responsabilidad por estas bendiciones materiales. También nos cuesta poner en práctica los valores que decimos tener como canadienses. Como cristianos y como Iglesias, nos sentimos llamados a agradecer receptivamente los dones del otro, y a custodiar agradecidamente nuestro país y todo el mundo.

8. ¿Por qué das gracias en tu Iglesia, en tu comunidad y en tu país? ¿Cómo has experimentado los dones espirituales y/o materiales de Dios concedidos a otros cristianos o a otros en tu comunidad?

9. En el tercer movimiento (1, 10-17) Pablo dirige duras palabras a los corintios por la forma en que han distorsionado el evangelio cristiano y han roto la unidad de la comunidad. “Yo pertenezco a Pablo, yo a Apolo, yo a Pedro”. Pablo tampoco alaba a aquellos que consideraban a Cristo como su líder, porque utilizaban el nombre de Cristo para separarse de los demás en la comunidad cristiana. No podemos invocar el nombre de Cristo para levantar muros a nuestro alrededor, porque su nombre crea comunión y unidad, no divisiones. “¿Es que Cristo está dividido?” Pablo no pone objeción a que se formen comunidades en torno a un fuerte liderazgo, pero cada comunidad debe encontrar su identidad fundamental en Cristo: “¿Ha sido crucificado Pablo por vosotros o habéis sido bautizados en su nombre?” Los de Cloe han visto que esto pasaba entre ellos y lo han sacado a la luz.

10. En este estado de división llega la llamada de Pablo a unirse, a “recuperar la armonía pensando y sintiendo lo mismo”. Exhorta a sus lectores y a los residentes en Corinto a “desterrar cuanto signifique división”. ¿Cree Pablo que todos ellos deberían rezar y hacer las cosas del mismo modo? Creemos que no. Estos versículos no son una llamada a abandonar el liderazgo de Pablo, de Apolo o de Pedro. Enraizados en Cristo, estamos llamados a dar gracias por los dones de Dios que otros fuera de nuestro grupo aportan a la misión común de la Iglesia. Honrar los dones de los demás nos acerca en la fe y en la misión, y nos conduce hacia esa unidad por la que rezó Cristo, con respeto hacia una auténtica diversidad de adoración y de vida.

11. Pablo destaca dos elementos centrales del discipulado cristiano en los que estamos intrínsecamente ligados a Cristo: el bautismo y la cruz de Cristo. No nos bautizaron en Pablo, y él no fue crucificado por nosotros; nuestra unidad es en Cristo y nuestra vida y nuestra salvación vienen de Él. A pesar de esto, todos participamos en un grupo o en otro, y nuestras Iglesias locales alimentan en nosotros la fe y nos ayudan a caminar como discípulos de Jesús. La conclusión del asunto, tanto para Pablo como para nosotros, no es solo nuestro sentido de pertenencia a una Iglesia particular, sino el propósito de proclamar la buena nueva, el evangelio al que hemos respondido con fe y alegría. Ahora debemos compartir este mensaje con el mundo. La conclusión de Pablo nos reta a preguntarnos si tenemos una buena noticia en Cristo que transmitirnos unos a otros, o si llevamos división incluso en el nombre de Cristo y, en palabras de Pablo, vaciando la cruz de su poder.

12. Como cristianos canadienses, tenemos una larga historia de cooperación y apoyo mutuo. En nuestra historia hay ejemplos de esfuerzos comunes, de ministerios compartidos e incluso de unión de varias Iglesias. Donde no ha sido posible la unidad orgánica de las Iglesias, hemos logrado con frecuencia acuerdos y ministerios compartidos que testimonian nuestra creciente unidad en Cristo. Nuestras Iglesias han actuado juntas en cuestiones relacionadas con la pobreza y la justicia social, y juntas muchas de nuestras iglesias comienzan a asumir la responsabilidad de nuestras actitudes poco cristianas hacia los pueblos indígenas en nuestro país. Y sin embargo, a pesar de estos avances prometedores hacia la unidad que Cristo quiere para nosotros, mantenemos las divisiones y la desunión que distorsionan nuestra proclamación del evangelio.

13. También oímos de ‘los de Cloe’. Bajo el liderazgo de Cloe este grupo identifica y pone nombre a conflictos y divisiones en la Iglesia de Corinto. Seguimos necesitando testimonios así, tanto de hombres como de mujeres, de todas nuestras Iglesias, y de su ministerio de reconciliación y unidad. Dar voz a estos testigos nos ayudará a hacer realidad la visión de Pablo de una comunidad “pensando y sintiendo lo mismo”.

14. ¿Cómo podéis tú y tu Iglesia discernir el mismo pensar y sentir con otras Iglesias? ¿Cómo puede tu apreciación y experiencia de las diferentes aproximaciones y formas de adoración que existen en las Iglesias de tu comunidad o de tu país dar fruto en los esfuerzos hacia la unidad visible de los cristianos? ¿Qué misión común compartirás con otros cristianos para contribuir a hacer del mundo un lugar mejor para otros?

15. Para concluir, cuando consideramos las muchas bendiciones y dones que Dios ha otorgado a nuestro país y a nuestras gentes, comenzamos a reconocer que debemos tratarnos con dignidad y respeto los unos a los otros, y también a la tierra de la que vivimos. Este reconocimiento nos ha llamado a la confesión y al arrepentimiento, y a buscar vías nuevas y sostenibles de habitar la tierra. Ha despertado nuestras conciencias sobre como Dios nos ha bendecido a todos, y que ningún grupo puede decidir el modo usar los recursos del país sin escuchar y sin integrar las voces de nuestros compatriotas canadienses.



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